EN EL BACKSTAGE DE LA MERCEDITAS { MBFWM XII }













Tras mi primera impresión sobre los Trapos Sucios de la Merceditas (ver aquí) digo:


Entré al backstage gracias a la acreditación como prensa internacional de The Sparkly Magzoo (y que se os ocurra llamarme intruso,!os como¡) que muy gentilmente me brindó la organización de IFEMA


Me gusta más decir entre bambalinas, valga el término teatral, aunque viendo lo visto, es todo puro teatro (y mucha coreografía). Cada uno tiene su rol, su papel en esta gran función. Las historias secundarias que circunscriben a un evento así son las que dan el verdadero sentido a la Merceditas, porque si tuviese que ser por la Calidad iríamos finos (tiemblo al recordarlo) 


Sólo decir que ver trabajar a los peluqueros, maquilladores, estilistas, modistas y arregladores varios es como deleitarse viendo amasar lo que será un bollo al panadero, te produce la misma sensación que la de un ebanista pasando la mano por la estantería que está puliendo. Los profesionales de la belleza son grandiosos y a penas se les da la gloria que merecen. Son ellos y no los cacho de carne con ojos que se ponen en sus manos quienes  tienen el mérito. Podríamos afirmar que (en muchas ocasiones) podrían ser beatificados. Yo les votaría si creyese en los santos.


Los modelos son eso, sin más. En realidad son personas que tienen una madre que seguramente les preparaba bocadillos de Nocilla (o el similar en el país correspondiente) para merendar, y que tras el estirón de la preadolescencia empezaron a usar sus largas dimensiones desgarbadas como herramienta de trabajo. Damos gracias a que los nuevos cánones, los que manda y dicen que un modelo de pasarela no tiene que ser guapo necesariamente y pregunto... entonces ¿quién c*ñ* lo va a ser?. En fín, así está montado el juego.


He de reconocer que el tic-tuc de los taconcitos sobre los tableros de los entresijos me gustó. Ver a los modelos desarrapados y con ropa interior raída (porque sienten que no les hace falta vestir bien) me hizo sentir como un pastor llegando a la ciudad (¿me estaba equivocando por haber estrenado unos calzoncillos blanquitos e impolutos?). Al momento volví a mis zapatos, dándome cuenta que los gayumbos viejos no son más que eso: gayumbos viejos


Me fijaba muy bien en la fragilidad de los tobillos de ellas, con los altos tacones y plataformas en los que se andamiaban para trabajar de lo suyo, y en la inexpresividad de sus caras, incluso  mientras cojeaban entre cambio y cambio. Ellos en cambio van de plano y no se espera que se tropiecen en su andar. Ellas tienen más mérito. Ni siquiera ahora se mira raro al que no se le marca el músculo, la tendencia andrógina favorece más a los hombre que a las mujeres (pensadlo), como siempre, ellas llevan la carga


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"Entiendo que se droguen, sorry, va con el puesto, igual que con el puesto de futbolista va ser hortera y amante de los escotes masculinos, es vital, o el puesto de bohemio moderno y llevar gafas de pasta oversize, palmario, o ser político y usar la demagogia y la quimera como acicate, simplemente natural."


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Me comnueve recordar cómo le colocaban los calcetines y los gorros a los modelos que iban a salir con mimo y profesión. Los entresijos dan el sentido a los minutos de focos y aplausos (más o menos intensos) posteriores, y eso me recuerda a lo que decían los arquitectos romanos cuando erigían grandes edificios de carácter religioso, plagado de detalles y ornamentaciones delicadas y muy elaboradas, incluso en lugares ocultos y que por la composición arquitectónica nadie podía ver y disfrutar. Ellos aportaban su porqué, contestaban "Dios, lo ve". 


Pues eso.


Lo mejor de la Merceditas ha sido (sin duda) la gente currante que veías sudar por allí (periodistas, blogueros, comerciales, dependientes, azafatos, promotores,...) y entre ellos, un servidor que estuvo {in situ}  para vivirlo y contarlo.


Mañana más.




by simmonsaid