FAMILIA VALIENTE: LA TÍA SOR MARÍA





Querida hermana mía,

No sé ni cómo empezar esta carta. Todo mi ser está bañado de sana emoción por nuestro próximo reencuentro y por la Gracia de Dios. Casi ni me lo creo. El doctor Vela, el médico de la clínica, me ha dicho que no coma grasas ni beba café, por mi tensión, que la tengo alta, pero voy a hacer una excepción ahora cuando vaya a tu casa, porque no hay nada que me apetezca más que probar uno de esos choricejos tan ricos y un café con leche. Llevaré unas pastas que sor Susana ha hecho con yema de huevo y merengue. Se me llenan los ojos de lágrimas cuando pienso en lo que te quiero, a ti y a mis sobrinos.

Tengo una semana intensa por delante antes de coger el tren de las nueve en Atocha, sólo espero que Dios me provea de las fuerzas suficientes y de la cordura necesaria para acabarla bien. Tenemos mucho trabajo en la maternidad, estamos atendiendo muchos partos y haciendo que las verdaderas familias puedan tener un futuro digno por la gracia divina. Hermana, conociéndote como te conozco sé que se te partiría el corazón al ver a algunas de las inconscientes chicas que vienen a traer al Mundo a inocentes niños para convertirlos en delincuentes y en drogadictos, que fornican y trasmiten enfermedades sesuales, y que sin recibir el Bautismo algunas incluso los abandonan en contenedores o incluso los matan de hambre. Intento que ellas entren en razón, que Dios las ilumine pero el Demonio las ha hecho suyas y yo no puedo hacer otra cosa que tomar la palabra del Señor y ayudar a que estas criaturas indefensas tengan un futuro lleno de amor cristiano en el seno de una verdadera familia. Pobres mujeres, rezo por ellas a todas horas, algunas pierden la razón y la cordura, incluso gritan como si Lucifer estuviese dentro de ellas, se hacen daño a si mismas y a los que le rodean. Lo único que puedo hacer es protegerlas de sí mismas de la manera más justa posible, como el Padre haría en su Divina Providencia. 

Qué contenta estoy, hermana mía, qué importante es tener familia y sentir a los tuyos cerca. Aunque haga cinco años que no nos vemos yo te he sentido siempre a mi lado, cuando me enviabas la caja de mantecados, como si estuviésemos juntas, como cuando corríamos por la era mientras padre majaba el yeso y madre nos remendaba los batines. Doy gracias por haber sido bendecida por Dios con esta unión de la sangre. El Amor y la Familia es lo que me da la alegría de vivir y Dios Padre el oxígeno y el sustento del alma. Soy afortunada, tengo más de lo que merezco y desde la humildad de mi persona intento devolver todo el bien y el Amor que siento a los demás. Por Cristo, Nuestro Señor.

Con todo mi corazón y mi cariño.

Tu hermana que te quiere.


PD: no te preocupes por el frío, ahora tengo una estufa nueva y mantas que me han traído de Zamora con algo de dinero que he conseguido. Los padres son muy generosos.

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